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Ainda sobre "Japón"

Estive a pesquisar sobre o filme e descobri esta entrevista do jornal mexicano "La Jornada" ao realizador Carlos Reygadas(20 de Abril de 2003). Os negritos no texto corrido são meus.

Japón se llama así porque quise evocar al sol naciente: Reygadas

Miranda Romero

Japón, la ópera prima de Carlos Reygadas, se estrenó hace dos semanas en la ciudad de México, donde ha recibido una aceptación favorable, como lo atestigua su permanencia en cartelera. Probablemente estará más tiempo, acción notable tratándose de una película que ha generado bastante rechazo por parte de críticos mexicanos, aunque del público ha recibido buenos comentarios.

En la semana reciente contó con un auditorio de 10 mil personas aproximadamente, cifra que parece ir en aumento según los registros de taquilla. Se informa que las personas salen de las salas con opiniones diversas pero en general satisfechas, siendo únicamente en los cinemas de Santa Fe e Interlomas donde se reporta que la gente haya abandonado las salas. La productora Mantarraya Films se encuentra muy satisfecha por la respuesta del público y espera mantenerla en pantalla por lo menos dos semanas más.

Carlos Reygadas es apasionado e hiperactivo, lo que hace que hable rápido y que a veces se haga difícil seguir su discurso. A veces se le escucha como un niño entusiasmado por alguna aventura secreta y otras es un hombre crudo y cínico ante la realidad de un país al que no se le deja hacer cine. Se ha lanzado de cabeza en pos de una vida que sólo los locos y los soñadores se atreven a perseguir, el resultado de ello es Japón, cinta que narra la historia de un hombre que se interna en una cañada en busca de la muerte y en el proceso se rencuentra con la vida. La trama es dura y no aporta complacencias a los lugares comunes de la cinematografía nacional, busca tocar, hacer sentir, pues "el que siente, entiende", nos dice el director en la siguiente entrevista. Japón provoca sensaciones contradictorias y es posible que hasta el desagrado, pero nunca la indiferencia. Así lo define Carlos Reygadas.

Servicio interior

Siempre quise hacer cine, pero eso no implicaba que sintiera que debía estudiar para ser cineasta, me deprimen las escuelas de cine, odio lo que es el ambiente de los foros; de niño me llevaron a ver cómo se hacía El chavo del ocho* y casi me dio un síncope, desde entonces todo ese ambiente me es muy depresivo. Yo no quería hacer eso, pero me gustaba muchísimo el cine, así que decidí que algún día iba a hacer una película, así como muchos dicen voy a escribir un libro, y de pronto me di cuenta que ese día lo sentía ya muy adentro, que era hacerlo ahora o quizás nunca, así que decidí dejar lo que estaba haciendo, que me sigue apasionando, el derecho internacional público, pero sentí que debía hacer algo más allá de eso. No fue fácil, fue algo muy radical, dejar atrás una estabilidad en muchos sentidos, yo no tenía ni idea si tenía el menor talento para hacer cine, a lo mejor iba a darme en toda la torre, yo no tenía miedo, porque de ser así no hubiera podido, pero sabía que estaba tomando una decisión delicada. Hubo una gota que me ayudó muchísimo a derramar el vaso, lo que tengo que agradecer a la burocracia y al Servicio Exterior Mexicano, que fue uno de los lugares más deprimentes que he conocido en mi vida, salí corriendo a los cuatro meses y eso fue lo que me hizo darme cuenta de que no iba por buen camino si seguía ahí. Me deprimió muchísimo darme cuenta de que los funcionarios, con sus notables excepciones, son servidores de una idea romántica de la nación.

La trama, pretexto irrelevante

Japón no tiene nada que ver con el derecho, así como antes era un abogado al que le gustaba el cine, ahora me dedico más al cine pero sigo pensando como abogado, soy el mismo de siempre. Japón sale de lo que eres, de tu forma de ver el mundo, las sensaciones salen de cuando mi bisabuelo tenía una casa en Hidalgo y yo iba mucho de niño, a caminar alrededor de donde van los cazadores al principio de la película, el cazador es mi padre y yo en ese mismo jagüey cacé mi primera paloma a los 13 años, y también tenía que recoger las palomas escondido detrás de unos magueyes y desde entonces me enfrenté a ese dilema de la vida como el niño que tiene que matar a una paloma (en la película), me di cuenta de que mi puesto, una postura tácitamente aceptada de hijo de cazador, era matar a las aves que quedaban heridas, pero cuando me encontraba con el ave y la tomaba en mis manos, sentía el calor, la suavidad del plumaje, veía la mirada de un ser vivo tan hermoso y me encontraba ante el dilema de que mis instintos me bloqueaban ante la idea de tener que matarlo y lo hacía porque finalmente ese era mi deber de cazador y lo aceptaba. Japón es así en general, hay esa alegoría al principio de la película, y de eso trata, de tener que tomar ciertas decisiones que en principio son antinaturales, por eso el hombre mayor puede llegar sin pensarlo dos veces y romperle la cabeza al animal, es un ejemplo de lo que es toda la película; también está esa idea de que las mujeres son el sexo débil, yo quería retratar a una mujer que fuera todo lo contrario, el hombre es débil, ella es vieja, no tiene instrucción, el hombre se supone que sí la tiene, también es más joven, al final resulta lo contrario, ella era mucho más fuerte, mucho más decidida, mucho más integrada en su tierra y en sí misma. Así se fueron formando ideas, la trama ya es un mero pretexto irrelevante, yo soy pésimo guionista, siempre he sido malo para contar historias, nunca me ha gustado la acción dramática ni la narrativa, aunque me encanta leerla, pero nunca he sentido que sea buena para hacerla. Japón es Japón porque quería un título evocativo, no tenía que ser descriptivo forzosamente como "instinto en la barranca" (ríe) o algo así. Quería un título que evocara lo que es el sol naciente, porque al final de la película para él vuelve a salir el sol, pero también evoca las geishas, el Sepuku, los samurais que van al monte Fuji a entrar en contacto con la naturaleza antes de realizarlo, los haikus, varias cosas, no se podría llamar Taiwan, porque para mí Taiwan, en la forma básica de la evocación, tiene mucho más que ver con maquila de productos electrónicos y Japón habrá quien lo relacione con Pokemon, pero yo creo que tiene una fuerza evocativa muy grande.

El rodaje de Japón es de lo que más me siento feliz y orgulloso, trabajar con un equipo de gente en el que absolutamente todos éramos debutantes, nunca nadie había trabajado en un largometraje, eso generó una experiencia increíble, vivíamos en tres casas en el pueblo que yo hice con mi padre y un tío, tuvimos que hacer drenajes, estuvimos mucho en el campo, había de todo, picaduras de alacranes, era un poco como vivir de aventura, no era de vivir en un hotel y que lleváramos cuarenta camiones con luces y staff, éramos 16 personas, teníamos que subir diario dos veces al día a casa de Ase, que es como un kilómetro de camino, Magdalena Flores y Alejandro Ferretis (los protagonistas) subían en burro, dos o tres veces la silla de Ferretis se cayó y se dio verdaderos golpes, hubo momentos muy difíciles, la lluvia tenía que ser auténtica, entonces teníamos que desplazar el plan de trabajo, que era muy flexible, pero la verdad todo estaba muy bien preparado, rodábamos con luz de mañana siempre de 7 a 10 y en las tardes de 4 a 7, entonces fue una época en la que durante 60 días vi todos los amaneceres y todos los atardeceres, lo que te deja lleno de muy buenas sensaciones. Japón tiene algo así como 208 planos, que son muy pocos, normalmente pueden ser hasta 800, entonces era trabajar cada plano con mucho cuidado, buscando que cada uno fuera como una joya, cuidando el cuadro, la luz, todo, entonces fue muy bonito estar ahí, aunque hubo sus momentos de tensión; a veces teníamos que llevar a Ferretis sobre nuestras espaldas, desde entonces la mía está arruinada (ríe), el hecho de que todos fuéramos debutantes también generó problemas, nos quedamos sin rollos de película, tratábamos de que todo estuviera bien, pero no teníamos medios, nos faltaban muchos elementos para poder trabajar con comodidad.

El manejo del tiempo y el existencialismo

El actor principal de hecho inspira mucho al personaje, es un amigo de mi padre desde que yo nací y él siempre ha sido un adepto a la filosofía existencialista, así que siempre me hablaba del suicidio como una opción humana finalmente muy valiosa. El decía que si todos a los que no les gusta la vida se suicidaran, la vida sería muy agradable para todos los que sí les gustara, yo siempre he pensado que a lo mejor lo que el quería era tener una familia normal como todos, en lugar de echar tanto rollo.

Hice la película para que el público la disfrutara mucho. Es como cuando invitas a unos amigos extranjeros a cenar a tu casa, les vas a preparar un mole especial y vas a tratar de que quede lo más rico posible, pero en realidad es un platillo que ellos ni siquiera conocen, va a salir de tí, tú también lo vas a disfrutar, pero es ciento por ciento para los invitados. Esta película es para el público, como la cena, si no les gusta ni modo, pero si les gusta van a estar encantados y excitados.

La película parece que genera algo de polémica. Para mí es algo bello y hermoso (el tema), es como en el ejemplo de la cena, el mole tal vez no va ser del gusto de todos pero es un platillo que implica más esfuerzo que si haces una milanesa, de la que probablemente nadie se quejará. Para mí era hacer algo importante, que me saliera del corazón.


*“El Chavo del Ocho” foi uma comédia televisiva muito popular no México.

Sobre as imagens da morte de Fehér

Primeiro, senti-me desorientado, confuso e com medo. Depois, acho que finalmente absorvi a notícia através do filtro do amor à imagem. Apercebi-me de que foram precisas estas


para perceber realmente o que significou esta


e esta


e esta


e talvez mesmo esta.
One puzzle which remains unresolved for most viewers of 8 1/2 is the meaning of "asa nisi masa" "Say the magic words, then when the picture moves its eyes, we'll all be rich." The words derive from a children’s game, like pig latin, in which one takes a word, doubles each of its vowels and then puts the letter "s" between the two. So, run backwards, the root word is "anima," the Italian word for soul or spirit. Daumier dismisses all this as another idle childhood memory, devoid of all poetic inspiration. Yet in the film the utterance of "asa nisi masa" works like magic, releasing the marvelous flow of the joyful life of the farmhouse scene. And the childish promise is hardly idle; for it was indeed when the picture moved its eye—when Fellini found his true métier in motion picture—that we all became enriched.


"Japón", de Carlos Reygadas, é estranho e inquietante. Procura a transgressão, ou melhor, não sente a necessidade de a evitar no processo de dar a mostrar algo de novo. E, como já tudo foi visto, é preciso ir buscar o novo para além de tudo, ou seja, pela criação de um jogo de expectativas com os espectadores que passa pela criação de um espaço de silêncio entre eles e o filme. A distância serve de caixa de ressonância para aquilo que se vê.

Durante o visionamento, lembrei-me de Cormac McCarthy ("Child of God" - ou "Filho de Deus", por cá - também é de pobreza e sujidade) e de "O Vento Levar-nos-á", de Abbas Kiarostami (o intruso que se vai filiando lentamente na Natureza invadida).

Não é um filme simpático ou agradável. Mas é. de certo modo, viral, porque inocula e deixa marca. Vejam, vejam.

Sonhos

Fui pedir emprestado a um cão o papel de alumínio em que vivia embrulhado. No papel estava uma formiga, e eu dobrei-o com cuidado para não a esmagar. Pus o papel na mochila, fui aonde tive de ir e, quando voltei, devolvi o papel ao cão. Mas a formiga já lá não estava. Devia ter ficado esmagada dentro da mochila. O cão rosnou-me e quase me mordia. Eu senti como se ele o tivesse feito.

Em resposta ao comentário a "O consumidor de cultura"

Nélio,

a grande questão naquilo que dizes parece-me ser a de como sobreviver enquanto artisticamente interessado quando a arte corporizou a auto-citação como ferramenta válida de expressividade.

Eu parto de um ponto de vista ligeiramente ao lado do teu.

Não me parece que o conhecimento de uma certa tradição artística seja de desdenhar, até porque isso fará parte da formação que considero necessária (mesmo que meramente formal, ou seja, dos instrumentos com que a arte se faz). Aquilo de que eu gostaria, e aí sim, talvez nos encontremos, seria separar a necessidade (que parece imposta pela comunicação social mitómana que segue o padrão New Musical Express) da ligação entre apreciador, ou espectador, se preferires, e crítico. Parece-me que há um espaço fora do sabe-tudismo do crítico - que é necessário, não me interpretes mal!!!- em que a obra tem validade; ou seja, em que a sua interpretação, sendo motivada por critérios diferentes dos do crítico, não é, no entanto, menor.

"Punch-Drunk Love"



Não consegui ver este filme quando esteve no cinema. E é das histórias de amor mais bem contadas que alguma vez vi.

Primeiro, porque P.T. Anderson não tem um ego inchado e fez a psicanálise à “persona” que Adam Sandler criou para os seus filmes de Domingo à tarde. O “all american boy”, trabalhador e disposto a dar uma coça a qualquer um que se atreva a cruzar o seu caminho (feito com valores tradicionais, como os ladrilhos amarelos d’ “O Feiticeiro de Oz”), carregava em si a angústia de quem quer dar sempre a parecer que tem tudo sob controle. E, com efeito, aqui a harmonia tarda a chegar, ou melhor, chega só quando o momento é devido.

Segundo, porque o neurótico Barry Egan é uma das personagens mais fascinantes que o cinema contemporâneo criou, quer porque está radicalmente ligada ao actor que a personifica (Sandler veste Barry como a própria pele), quer porque ela pertence em exclusivo ao cinema e a nada mais do que ao cinema. O seu fato azul faz dela ser eminentemente visual, o seu percurso, o modo como supera os obstáculos (dos quais não deixa de fazer parte a família castradora, presença recorrente no cinema de Anderson) só pode ter expressão eficaz no cinema, pois só no cinema se pode, por exemplo, garantir uma compreensão da continuidade enquanto se faz uma personagem “saltar” de um Estado para outro sem noção do seu meio de transporte.

Terceiro, porque Anderson sabe que o cinema é imagem e som. Significa isto que a predominância de linhas verticais a rodearem as pessoas, a limpeza dos enquadramentos e o uso expressivo de efeitos de iluminação e de cor (sempre subordinado à história) não são de menosprezar, tal como a concepção musical da montagem e do movimento e o modo de utilização da música – magistral na sequência em que a irmã de Egan o apresenta a Lena, a serena Emily Watson.

E é por tudo isto que Paul Thomas Anderson ainda é dos meus realizadores preferidos.

meanings of life

Saí às 17:30h do escritório para lanchar. Quando passei do corredor para as escadas exteriores, havia uma loja chinesa e a janela de um outro escritório de advogados. Lá dentro, um homem de fato escuro fumava um cigarro e andava em círculo com ar de tédio. Quando voltei, ele já tinha saído e as luzes estavam apagadas.

Entretanto, em resposta a um comentário, Possidónio Cachapa diz, piscando o olho, que acha o estágio um mau começo.

E uma amiga com quem não falava há uns dois anos, desde que emigrou para Paris para tirar o mestrado em Administração Internacional e acabou a trabalhar para a UNESCO, pergunta-me o que estou a fazer, pois não acredita que esteja a estagiar.


Visto ontem "India Song", de Marguerite Duras. Não é, de certeza, um filme de visionamento fácil, mas vale a pena. Ele ganha vida quando as vozes encontram o corpo a que pertencem ou quando, mesmo não o fazendo, revelam o alvo a que são dirigidas. É quando isso começa a acontecer que os fantasmas, que as personagens nunca deixam completamente de ser, nos deixam entrar no seu mundo falso, no palácio de fantasia em que, se calhar, elas nem chegaram a existir.

Acima de tudo, uma tremenda lição sobre o que é o elemento no cinema. O isolamento de tudo em relação a tudo e a repetição trazem consigo uma enorme importância e potencial de significação. Uma bela experiência enquanto espectador. E mais: o filme contém uma boa lista de lembranças para cineastas que não consigam evitar maneirismos sem justificação.
Aos dezanove dias do mês de Janeiro do ano da graça do Nosso Senhor de 2004, o autor destas linhas inscreveu-se como advogado estagiário no Conselho Distrital da Ordem dos Advogados de Coimbra. Aleluia.

O consumidor de cultura



No ar, a Patti Smith, do you know how to pony like bony maroney.

Na mesa, a capa do "Horses", rapinado ontem à noite na sua inteireza, música, capa e letras. A fotografia, descobri ontem, é do Robert Mapplethorpe. E a verdade é que copiar mp3 da Internet faz com que me envolva muito mais com o disco do que se me limitasse a comprá-lo. Ainda para mais quando a largura de banda não é muita, o que faz de cada canção uma apetitosa conquista.

Não deixo de sentir uma pequena censura em mim próprio quando copio mp3. No entanto, reflicto e acabo sempre com mais justificações do que sentenças. Porque as editoras não se dão ao trabalho e só querem lucrar e publicitar, e não dar a ver, porque os discos são ridiculamente caros, porque o mercado de segunda mão é incipiente e não se consegue desenvolver rapidamente porque as pessoas não sabem ou não querem saber. Porque todas as semanas os suplementos mitómanos dos jornais vão dando corpo aos novos génios de que se alimentam, e é mesmo espantoso como há quem ainda queira mudar as coisas às vezes.

A ver se sou mais claro. Aqui mesmo à minha frente, acima do monitor do computador, estão alinhados os cd's de uma colecção de ópera que comprei durante uns dois anos. A maioria deles, ainda não os ouvi. Um que já ouvi foi "Wozzek", de Alban Berg. Acho até que a peça anda aí em exibição algures. Ora, eu ouvi "Wozzek" já várias vezes, mas nunca li o libreto enquanto ouvia. Eu não conheço o seu enredo, não sei quem é Wozzek, as suas motivações e angústias. Espantaram-me as vozes modernistas livres do Romantismo, e por isso ouvi repetidamente. Mas a experiência não foi total, ou seja, eu não usufruí de tudo o que a obra tinha para me oferecer. Senti algo parecido na Bienal de Veneza deste ano: no meio da alimentação fraquejante do Interrail, a atenção e a força física não resistiam a cinco horas em cada módulo. Pelo final, passava já pelas coisas sem tentar compreendê-las; sem que verdadeiramente, ao fim e ao cabo, tivesse passado por elas.

Este é o paradigma do consumidor de cultura no seu pior sentido. Não é o de poder legitimamente esperar da sua compra um produto de qualidade e o de uma espécie de direito social às prestações (se bem que mais exigível ao Tempo do que ao Estado) a meios eficazes, presentes e cada vez mais diversificados e descentralizados de distribuição cultural. É, sim, o de trocar a apreciação pelo uso. Como os adolescentes que põem o manual debaixo da almofada à noite, convictos de que acordarão com a matéria sabida de manhã, parece que a invulnerabilidade quotidiana que o nosso tempo nos exige impõe-nos por consequência uma relação de simples presença para com os objectos culturais. Apenas precisamos de estar lá enquanto o disco toca ou de perceber o enredo do filme para dizer que já o vimos e até podemos saltar as descrições para dizermos que o livro está lido.

Este estado de coisas está, é claro, relacionado com a emancipação da comunicação social em relação à realidade, o que a transforma numa máquina independente, com funcionamento e mecânica autónomos. Os jornais têm de ser publicados e a televisão tem de transmitir, ponto final. Por dia ou por semana há um número de páginas ou uma série de minutos a preencher. Ora, o nosso estatuto social acaba por se medir também a partir do nosso domínio das coisas que caem no social, e é isso o que a comunicação social faz, atira as coisas para o domínio do social, frequentemente sem que elas o mereçam. Mas ela fá-las merecer. Legitima-as. E esse, sim, é um factor de desvalorização da crítica pelo público. Porque ela lhe disse como válido algo que não o era, porque não se explicou bem. Claro que a crítica defende-se, dizendo que, não sendo aquela a sua opinião particular, rege-se pelos critérios do público-alvo do seu órgão. Ou o contrário, que não tem nada que ligar ao seu público, que diz aquilo que dela sai em bruto, pois só assim a verdade pode sair e ser útil a alguém. E assim caímos num círculo vicioso de conceitos, de armadilhas montadas, desmontadas e de novo montadas pelas Ciências da Comunicação.

Há que substituir o uso da obra pela apreciação da obra. Há que dotar as pessoas (pela escola, pelos jornais, pela rádio, pela televisão) de ferramentas que lhes dêem lucidez nos seus actos culturais, que lhes permitam saber escolher e julgar, responder porquê sem terem que se limitar àquilo que está a dar. Há que dar dignidade ao público e acabar com o MEDO que faz com que ele seja servil para com aquilo que lhe é dado e com que aquilo que lhe é dado seja servil para com ele. Há que fazer com que os clássicos se consigam encontrar na nossa língua e impedir que os que se encontram custem 35 euros, como a nova tradução da Odisseia. Há que mudar esta merda toda, dar-lhe uma volta, virá-la do avesso, deixar de dividir o país e o mundo em burros e espertos, ganhar respeito a quem o merece e ajudar quem não o merece a tê-lo.

Arrumo a Patti Smith, fecho o caderninho com uma definição apontada, ponho o volume do Houaiss no lugar. Sobre a mesa fica só um livro. Ando a ler a Bíblia porque decidi voltar ao início, e no início era o caos. Aconselho.


Fui à televisão falar sobre mim e o argumento da Nisimasa. Foi ontem, em directo, no programa Xpto da Ntv.

Não estava nervoso. Estava até estranhamente descontraído, mesmo quase entorpecido. Não há dificuldades em achar agradáveis as instalações da Rtp (onde a Ntv achou o seu pousio). Têm equipamento antigo em prateleiras envidraçadas, belíssimos gravadores audio e câmaras de 16 mm de tempos em que a televisão ainda era em película. Isto foi enquanto esperei pela minha entrada. Dentro do estúdio, era tudo muito colorido, muito agradável, muito televisivo. Falei, as câmaras emitiram, os apresentadores (muito simpáticos, há que dizê-lo) sorriram, eu também. Depois, saí, apanhei o táxi e o comboio de volta a Coimbra.

Não sei se foi só impressão minha, mas devo ter sido hertziano durante 15 minutos. Onde está o cd dos Velvet Underground & Nico?


maggie and milly and molly and may
went down to the beach(to play one day)

and maggie discovered a shell that sang
so sweetly she couldn't remember her troubles,and

milly befriended a stranded star
whose rays five languid fingers were;

and molly was chased by a horrible thing
which raced sideways while blowing bubbles:and

may came home with a smooth round stone
as small as a world and as large as alone.

For whatever we lose(like a you or a me)
it's always ourselves we find in the sea



Aproveitando-me dos saldos, andei por algumas discotecas de Coimbra a ver se encontrava algo interessante. A Emi tinha a maior variedade e acabei por comprar dois discos, o glam-rock "Next"(1973), da The Sensational Alex Harvey Band, e o jazz-rock levezinho de "Did you give the world some love today baby"(1970), da sueca Doris. No entanto, eu não era para comprar estes discos. Eu era, sim, para comprar "Confessions of a Selector", de Tim "Love" Lee, e "There's Something Going On", de Babybird. O problema foi que a Emi tem o leitor avariado e, ontem, loja cheia, era inconveniente ouvir os cd's... porque, claro, seria inoportuno. Inoportuno, acordar as pessoas da dormência do consumo, mesmo que o disco-ambiente seja insuportável e esteja sempre a saltar de música para outra. Estarei errado em pensar que é completamente absurdo que uma loja de discos não dê aos clientes a possibilidade de ouvir o que vai comprar (como uma livraria que não deixe abrir os livros e obrigue a escolher só pela capa)? Ontem foi impossível, mas anotei os títulos, pesquisei e hoje voltei à Emi a ver se tinha a sorte de que ainda lá estivessem os discos em que ia arriscar alguns euros. Não estavam. Por sorte, a loja não estava tão cheia, e isso domou o carrancudo assistente de loja - nome que fica melhor do que "vendedor" ao resmungão de merda que me atendeu. Para quando pessoas que sabem do que fazem nas grandes lojas de Portugal?

Reconsideração de "Requiem for a Dream"

Por medo de injustiça, e prevendo discussões futuras, revi o filme poucas horas depois de o ter visto pela primeira vez. Devo dizer que a minha opinião mudou. Realmente, a montagem acabou por se esconder e deixar passar os elementos que mais importavam.

Se o que tinha retido no primeiro visionamento tinha sido a ideia de desconforto das personagens na sua própria condição física, no segundo a importância dos espelhos em que as personagens insistem em se ver e a troca de percursos no vício (Marion, que antes advertia Harry, agarra-se ainda mais; o acaso obriga este e Tyrone a abandonar violentamente; Sara, que é aquela em que a passagem do tempo se faz sentir mais – mesmo na variação de mutações físicas durante o filme -, é a que passa mais depressa por todas as etapas da dependência) ressaltam mais. Também acabam por se destacar a vontade de mudar (Tyrone, Marion e Harry para uma melhor condição económica, Sara para o peso de antigamente) e a importância das relações filiais (Tyrone tem saudades da mãe que o confortava; Marion renega os pais que a suportam economicamente; Harry abandona a mãe que, no entanto, ama; Sara sonha com o sucesso burguês do filho). Ou seja, o filme tem ou aproxima-se da forma trágica (o desafio aos deuses que não se deixam enganar) e, na verdade, está mais para o discurso exaustivo de "Magnolia" do que para as divagações psicadélicas de "Trainspotting". Por onde andará o "Pi"?


Finalmente visto "Requiem for a Dream", de Darren Aronofsky.

Compreendo o culto à volta do filme, mas não alinho nele. Coesíssima, a criação de uma drug story circular e claustrofóbica. Mas não senti o envolvimento emocional e quase mágico de que os fãs de Aronofsky me falaram (fique explícito que não vi "Pi"). É que a maneira como este realizador controla os elementos plásticos do filme, fazendo convergir as variantes da imagem e do som para uma espécie de concepção sinfónica da continuidade, afasta-me enquanto espectador da história e das personagens. Ou seja, cria-se uma margem que me separa do filme e, exactamente por isso, impede o envolvimento emocional.

meanings of life

- Acordar, tomar banho, a casa em silêncio, eu respiro, a casa também. Se alguma vez conseguisse fazer sentir com palavras ou fosse lá o que fosse a sintonia com o mundo nestas ocasiões, seria um homem feliz.

- Ontem fartei-me do rotundo Arial nesta coisa e passei para o tímido e exacto Courier.

- Ontem, numa festa de despedida, juntei-me a muitos amigos e, deles, quatro mais próximos. A dada altura da noite, pus-me a pensar em nós e no onde estamos.

Um funcionário público, a ganhar dinheiro depois de um ano de trabalho à borla, alma serena, mas a namorada emigrada em estudo.

Um localizado na terra natal, advogado a meio do estágio, queixa-se do pouco que ganha.

Um iniciante de estágio de advocacia que espera gostar mais do que já viu, estudante de pós-graduação, a namorada emigrada em trabalho.

Um desempregado a manter as capacidades em forma, envia currículos a ver quem o quer, deixa estacionar projectos teatrais porque não arranja dinheiro.

Um desempregado prestes a iniciar o estágio de advocacia, mora com a namorada que está para acabar o curso, queixa-se de não ser para já a independência económica.

Depois pensei que, se conseguisse juntar todas as características boas e abdicar das outras, talvez conseguisse criar um ser plenamente satisfeito com a vida que tem. Deduzindo, talvez a satisfação com a vida seja um bem escasso, obrigatoriamente repartível e desigualmente repartido.

Mas lembrei-me de conhecidos de quarenta, cinquenta, sessenta e mais anos. E percebi que imaginava algo que não existe. A vida nunca está arrumada.
Mais uma vez, o poder da coincidência. "A Queda" (eu não sabia) é um monólogo de um ex-advogado. Algumas citações:

"Gozava a minha própria natureza, e todos nós sabemos que é aí que reside a felicidade, posto que, para nos tranquilizarmos mutuamente, dêmos ares, por vezes, de condenar estes prazeres sob o nome de egoísmo"

"O ar do êxito, ostentado de uma certa maneira, é capaz de pegar raiva a um asno"

"Há sempre razões para matar um homem. Pelo contrário, é impossível justificar-se que ele viva. Aí está porque o crime encontra sempre advogados e a inocência por vezes apenas"

"Nós não podemos afirmar a inocência de ninguém, ao passo que podemos afirmar com segurança a culpabilidade de todos"

"Ah!, quem julgaria que o crime não é tanto fazer morrer como não morrer o próprio!"

"Não sabia que a liberdade não é uma recompensa, nem uma condecoração, que se festeja com champanhe. Nem, aliás, um presente, uma caixa de bombons para lamber os beiços. Oh!, não, é uma estopada, pelo contrário, e uma corrida de fundo, bem solitária, bem extenuante. Nada de champanhe, nada de amigos que ergam a sua taça, olhando-nos com ternura. Sozinhos numa sala sombria, sozinhos no banco dos réus, perante os juízes, e sozinhos a decidir, perante nós mesmos ou perante o juízo dos outros. Ao cabo de toda a liberdade, há uma sentença; eis porque a liberdade é pesada demais, sobretudo quando se sofre de febre, ou nos sentimos mal, ou não amamos ninguém.
Ah!, meu caro, para quem está só, sem Deus e sem senhor, o peso dos dias é terrível. É preciso, pois, escolher um senhor, visto que Deus já não está na moda"

"Não somos todos nós semelhantes, falando sem cessar e para ninguém, enfrentando sempre as mesmas perguntas, embora conheçamos de antemão as respostas?"

Para uma ideia pura d’ "O Senhor Dos Anéis"

Já na recta final de exibição, finalmente vi "O Senhor dos Anéis: O Regresso do Rei". O meu juízo sobre a trilogia cinematográfica é, simultaneamente, limitada e impoluta, pois não li os livros de Tolkien. É uma desculpa esfarrapada para um manquejar da crítica. Seja como for, isto é um blog e, como tal, não estou obrigado a nada que não eu mesmo.

É curioso, mas durante o filme lembrei-me de uma curta-metragem vista no último Caminhos do Cinema Português. Chamava-se "O Dilema de Heimlich", tinha sido produzida e realizada no âmbito do cineclube de Torres Novas e contava a história de um dono de tasca explorador e agressivo que consegue pôr toda a família contra ele, incluindo o quase-genro, futebolista admirado no meio local que decide dedicar-se à música. Os actores eram amadores, os meios escassos, e assim se fez uma deliciosa obra trash, capaz de emparelhar a nível nacional com os hilariantes "Kuzz" e "Hitler e Wittgenstein".

Era impossível separar "O Dilema de Heimlich" e, consequentemente, a sua apreciação, do âmbito em que foi produzido. São momentos como estes que colocam a crítica, presumo, na posição difícil de encontrar o seu espaço para além da questão "bom ou mau". A curta de que falo, sendo inegavelmente má (porque insuficiente em tudo aquilo que a fazia: iluminação, representação, som, cenografia, etc), era-o com consciência e, por isso, conseguia utilizar as suas próprias insuficiências como um recurso expressivo válido. Conseguia assim habilmente fazer aumentar o interesse de quem a via, mas essa compreensão (que era, simultaneamente, a sua justificação) dependia do conhecimento da proveniência dela e das limitações a que esta a votava.

É de um modo aproximado que os filmes d’ "O Senhor dos Anéis" acabam por ficar na memória do espectador. Não sendo obras-primas do cinema de aventura - com efeito, nada inventam, só amplificam (osainda demasiado irritantes efeitos digitais, as personagens animadas ao lado das reais, as cenas de batalha, o maniqueísmo) -, eles ganham legitimidade dentro de um círculo muito específico de referências e significantes. Assim, eu arriscaria um pensamento. Parece-me que os filmes do "Senhor dos Anéis" vão para além do cinema, pois não é nele que querem encontrar a sua razão de ser. A ideia de cinema que deles se possa retirar aparece por reflexo, não é ela que os move. E, mesmo sem ter lido a trilogia (aceitando por isso que esta tese tenha a invencibilidade do ar), tudo o que li sobre Tolkien leva-me a ir mais longe e a afirmar que, embora utilizando instrumentos específicos dos meios pelos quais se expressa (os da literatura, no caso dos livros, os do cinema, no dos filmes), este imaginário ultrapassa-os.

Dito mais claramente: o "Senhor dos Anéis" existe num sítio que não é o do cinema nem o da literatura – é antes o da moral, da pseudo-história, da linguístca, da religião; numa palavra, do fantástico enquanto sistema -, mas serve-se do cinema e da literatura para ser, digamos, veiculado. É por isso mesmo que me é difícil julgá-lo, porque ele surge e relega para segundo plano o transporte que no-lo trouxe, este não lhe interessa para nada. Cria um modo próprio de criação. A sua importância está aí e, no que ao cinema diz respeito, ele só deve interessar enquanto convidado, não residente.
A chuva voltou. Lá em baixo, os carros rasgam a água suspensa. Este tempo deprime-me.
Espero. Ultimamente não faço outra coisa. Hoje recebi um sms que esperava. Faltam muitos mais.
Pensei em coisas por vir e o mais difícil de tudo parece vir primeiro.
Detesto a chuva.
Vim mesmo agora da sessão de "Mulher-Polícia" no Teatro Académico de Gil Vicente, seguida de conversa com o realizador Joaquim Sapinho. Falou-se de métodos de produção, de cinema em Portugal, de Escola de Cinema.
Quando saí, uma rapariga e um rapaz atrás de mim falavam. Ela dizia com entusiasmo "estás a ver, Jorge, baza daqui, pá, que eu quero um amigo para visitar em Barcelona".
Deu que pensar.
Para além da dimensão judicial, o caso Casa Pia carrega em si uma afiada dimensão informativa que, parece-me, mostra um estádio final na afirmação de uma certa maneira de ser na comunicação social portuguesa que já se está a revelar desde o aparecimento do “Big Brother”. Se se quiser recuar ainda mais, podemos ver a sua ascendência na agressividade da informação da SIC dos primeiros anos.
O que acho revelador nestes novos tempos é o modo como certas figuras (Pedro Namora, Adelino Granja, os acusadores de cara mascarada nos telejornais da Tvi) são ouvidas para falar de um processo do qual não são figuras principais. Há alguns anos, ficaria confuso: Pedro Namora não é advogado no processo; não é juiz no processo; não é arguido no processo; não é testemunha no processo; quem é Pedro Namora? O que interessa de Pedro Namora, tal como aquilo que interessa das figuras dos reality shows, nasce e morre no mundo da Comunicolândia. Isto representa uma certa maturidade numa linguagem: a comunicação social deixa de se alimentar daquilo que é real, daquilo que acontece, para fazer depender o seu funcionamento de um fluido artificial que simula essa mesma realidade e que ela própria cria.
Ou seja, a informação, tal como a sociedade civil, evita os estorvos de uma alimentação natural fazendo passar como natural a mais facilmente conseguida alimentação artificial. Como em qualquer outra linguagem, ela ambiciona à criação, i.e., tem em si uma vocação artística que a emancipa e que, numa recta final, levará à autofagia.
Não sei se esta reflexão será precipitada. Olho para a programação do novo canal 2 e faz-me um pouco de impressão que o cinema, para além de um magazine informativo semanal (às 14h30 de sexta-feira????), apenas tenha um espaço semanal - um! Isto, claro, quanto a longas-metragens (o Onda Curta melhora o seu horário um bocadinho, passando para as 24h de sábado).
Não se arranja uma parceria com um distribuidor qualquer? E um espaço para o cinema português, que tal? Ninguém se lembrou?


E, já que por uns tempos vou deixar a minha casa, a minha família e este computador, aqui fica uma das fotografias que mais me diverte. Tirei-a numa congregação das Igrejas Evangélicas (julgo ter sido isso), no Verão. Enjoy.

Sempre que regresso a Coimbra, entristeço-me por não poder voltar a sentir o que senti quando lá cheguei pela primeira vez. Lembro-me da vividez do cheiro das livrarias, do verde quente no jardim da Sá da Bandeira. É incrível, lembro-me do cheiro das capas negras, do frio da noite à saída do Buraco Negro no cabelo que, então, estava comprido.
As coisas mudam, já se sabe. Um dia, sente-se um riso nas costas que não se sabe de onde vem. (sim, li A Queda na passagem de ano)
A verdade é que as idas e vindas agora estão mais do lado sério da vida.

Não percebo como posso ser um segredo tão complicado mesmo para mim, mas a verdade é que não sei porque descarreguei o disco inteiro da Maria Rita. E fi-lo sempre pensando que a mulher sofre do mesmo mal que a Lisa Ekdahl (ou da Norah Jones), mas sem a aura de pardalito e a distância do inglês: um jazz vocal demasiado certinho, muito sem chama. A mulher tem boa voz, certo; as músicas são engraçaditas, certo; os músicos são competentes, justo; o disco tem bons momentos, inegável. Mas, nestas circunstâncias, até acho que preferiria uma coisa mais desequilibrada, em vez deste... deste.. deste leitinho morno. Mesmo com o Y a sacudir a mitomania para trás das costas e a dizer o público de Maria Rita: mais de trinta anos, estabelecido na vida, consumidor de TV e DVD, frequentador de sofá e bebedor de whisky (só com gelo).


Um conto, Lohengrin, Ledbelly, Caravaggio e Cântico dos Cânticos. Depois, eu e o meu avô na sala. Na televisão, uma orquestra tocava Strauss.

“Já quando eu era pequeno e estava a dar música clássica num canal qualquer, era lá que deixavas. Gostas de música clássica, não gostas, avô?”
“Eu não sei o que é música clássica”
“Isto assim, com uma orquestra”
“Ah, disto assim gosto”

O meu avô é um erudito.

Claro que Strauss nem é clássico nem erudito. Claro que nem sequer Stockhausen é clássico ou erudito. Mas Stockhausen não passa na televisão.
Bem, meus amigos, apesar de tudo: bom 2004 para vós.


Cada vez mais a passagem de ano me diz menos. Eu sei – diz-se isto como se se estivesse a pedir desculpa por uma quebra de espírito no meio de uma festa. São problemas diferentes.

Há razões que me levam a não gostar de festas de fim de ano, e advirto que não têm nada a ver com depressões pela passagem do tempo ou por solidão. Há uma certa moralidade que cai, o que revela a sua mentira. Hipocrisia, ao fim e ao cabo. Não é só para o aborto ou as drogas.

Seja como for, de tarde estive a ver o “They Live by Night”, do Nicholas Ray. A cara do actor principal pareceu-me conhecida e vim investigar – é um dos “Strangers on a Train”, do Hitchcock -, mas, no meio da busca, descubro que um dos delinquentes secundários era interpretado por um actor chamado Howard Da Silva. Um nome curioso, não? Mais um pouco de pesquisa e descubro que o homem é descendente de judeus sefarditas escapulidos de Portugal para Nova Iorque. E descobrir um português é sempre agradável.

A propósito de Nicholas Ray: lembro-me de que uma das poucas vezes em que vi o “Sex-Appeal” (aquele programa da Sic que apresentou a Elsa Raposo ao mundo, lembram-se?) foi motivada por ver a Adília Lopes dentro de um carro conduzido pelo Duck (dos Excesso, lembram-se?). Era suposto estes dois falarem sobre sexo e afins, e a doce Adília diz que nunca tinha visto um filme porno, mas que já tinha visto, isso sim, um filme com o Nicholas Ray em que ele fazia de padre e havia uma freira que lhe fazia um broche. Alguém já ouviu falar sobre isto ou a mulher pode definitivamente dizer adeus a ela mesma?
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